Expresión escrita.



El Eco en el Espejo de Agua
Elena compró el espejo antiguo por su marco de caoba tallada, ignorando la advertencia del vendedor sobre su "historia peculiar". Lo colocó en el pasillo oscuro de su casa victoriana, la cual se sentía extrañamente silenciosa desde entonces.
A los pocos días, la atmósfera se volvió opresiva. Elena notaba que, al pasar frente al espejo, su reflejo se retrasaba un milisegundo. No era un reflejo normal; era ella, pero con una sonrisa sutilmente más amplia, más fría. El aire cerca del espejo siempre estaba gélido y traía un leve olor a humedad de sótano.
Una noche, buscando agua, pasó por el pasillo. La luz parpadeó y se apagó. Al mirar el espejo en la penumbra, su reflejo no estaba. Elena se quedó paralizada. De repente, su reflejo apareció, pero no mirándola a ella, sino mirando hacia atrás, a una oscuridad inexistente en el pasillo.
El reflejo giró lentamente la cabeza hacia Elena. La boca del reflejo se abrió mucho, demasiado, y de ella no salió un grito, sino un susurro áspero: "Ya casi es hora de cambiar".
Elena intentó correr, pero sus piernas no respondieron; sentía la misma frialdad del agua estancada. La figura en el espejo extendió una mano pálida, tocando la superficie de vidrio desde el otro lado, que se onduló como agua. Una mano real, húmeda y helada, agarró la muñeca de Elena.
A la mañana siguiente, el sol entraba por el pasillo. Elena caminaba hacia la cocina, sonriendo de una manera amplia y fría. En el espejo, otra Elena gritaba en silencio, atrapada en un mundo de caoba y oscuridad, atrapada en el eco.


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